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Los Impresionistas: RENOIR

La impresionista es una técnica pictórica que consiste en el empleo de pinceladas yuxtapuestas de tonos puros, que forman como una textura de toques de color, relegando el negro al mínimo, o incluso suprimiéndolo. Fuente: Arte y Cartelera

PIERRE-AUGUSTE RENOIR (1841-1919), nació en Limoges. Era el cuarto hijo de cinco, cuyo padre trabajaba para un sastre. A los 13 años tuvo que buscar empleo para contribuir al sustento de la familia. Entró a trabajar en un taller de pintura de porcelanas. Asistió a las clases de la École des Beaux-Arts (1862/1864) y allí conoció a sus amigos.

MUCHACHA DESNUDA AL SOL 1874

Aquí el artista capta las manchas de luz solar que se filtran por entre los árboles para iluminar fragmentariamente la piel de la modelo Niní. Las sombras se consiguen mediante colores fríos que contrastan con la calidez de los medios tonos. Las luces dan una sensación nacarada a la piel de Niní. Obsérvese el aspecto rojizo de las mejillas que resalta gracias a los verdes complementarios que envuelven la cabeza.
El fondo resuelto en azules y amarillos, de cuya mezcla salen los verdes, con unos pequeños toques de rojo en el lado derecho, resulta ser un fondo en colores fríos que hacen francamente cálido el desnudo.
Contrasta también el tratamiento del fondo con pinceladas muy sueltas y decididas, entremezclando colores y capas para provocar un ritmo lineal que envuelve el cuerpo, con el tratamiento más suave y delicado de las carnaciones. La sensación rítmica de las pinceladas es especialmente transmitida por el paño que envuelve la parte inferior del cuerpo. La composición estructura un triángulo isósceles que combinada con la actitud de la modelo, relajada y ensimismada, con mirada soñadora, perdida en el infinito, provocan una sensación de serenidad y equilibrio.

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EL COLUMPIO 1876

La figura central es Jeanne en el jardín de la calle Cortot donde Renoir tenía su taller. Juega de nuevo con los colores fríos de fondo, azules con toques de amarillos, unos pequeños toques de rojo en el lado derecho y los pardos del árbol, pantalón del caballero de espaldas y el suelo. Vemos igualmente las manchas de luz que se filtran entre los árboles, posarse en las vestimentas y los amarillos más intensos en los sombreros de los caballeros y la prenda superior del caballero de frente. Aquí están tratadas todas las zonas con gran soltura incluso las carnaciones. Unas pocas pinceladas al lado derecho de la cabeza de Jeanne, nos hace ver tres o cuatro personajes al fondo, una genialidad de síntesis. Por tanto tenemos una armonía cromática conseguida con azules equilibrados con amarillos y pardos rojizos. Compuesto a base de cuadriláteros verticales produce sensaciones de estabilidad y equilibrio, rompiendo el estatismo con el romboide.

RETRATO DE MADAME CHARPENTIER 1876


Este magnífico retrato, está tratado de forma híbrida en cuanto a la técnica empleada. La carnación se consigue mediante veladuras al estilo de Velázquez y la vestimenta al estilo de Goya con pinceladas cortas y muy sueltas, que solo a cierta distancia nos permiten ver lo que es y dan la sensación exacta de las texturas. El fondo está tratado a la forma impresionista con colores fríos en el lado derecho y cálido y difuminado el izquierdo.
La composición es un triángulo isósceles y la mirada ensimismada en el infinito produce la sensación de serenidad y equilibrio que define la personalidad de la señora Charpentier.



LE MOULIN DE LA GALETTE 1876


Este café frecuentado por artistas y modistillas estaba muy cerca del estudio de la calle Cortot de Renoir y nos transmite la alegría de vivir según la visión renoirana. Cromáticamente es una obra donde predominan los azules de la mayoría de las vestimentas, están los verdes en la parte superior
de la obra y esto queda equilibrado con los amarillos de los sombreros y los tonos calientes de las cabezas de las figuras y la silla que hay en primer plano. Vemos las manchas de luz sobre las vestimentas y algunos rostros y una magnífica “naturaleza muerta” en el ángulo inferior derecho donde el cristal es verdadero y son objetos que dan deseo de cogerlos.
La composición es compleja por la multitud de personajes pero resuelta por grupos de conversadores y otros bailando. En primer término, el grupo formado por dos señoritas y el caballero sentado en la silla de espaldas forman claramente un triángulo isósceles y desde luego toda la obra respira
serenidad y tranquila placidez.



LAS GRANDES BAÑISTAS 1887


Es una obra llena de sensualidad, donde el máximo espacio está ocupado por los cinco desnudos, tres en primer plano y dos lejanos. Unos árboles sirven de fondo, pero aquí los colores ya no son fríos sino cálidos, los verdes de las sombras de los árboles son los únicos colores fríos y no mucho. Hasta las aguas resultan cálidas con los toques amarillos que tienen y el paño que cubre la espalda de la bañista central. Los cuerpos están finamente modelados
que parecen carne auténtica. Aquí no aparece la técnica impresionista como no sea en los árboles lejanos y en las aguas, la línea contiene a las masas. La composición vuelve a ser el triángulo que forman las tres figuras más cercanas. Se crean unos maravillosos ritmos con los ángulos formados por los miembros de las bañistas, repitiéndose ángulos agudos y obtusos.



ALMUERZO DE LOS REMEROS 1881: Esta escena está ambientada en la terraza del restaurante La Fournaise, de Chatou, a orillas del Sena. Los modelos son amigos de Renoir , la actriz Ellen Andrée sentada a la mesa y mirando a Gustave Caillebotte, a espaldas de Ellen el periodista Maggiolo, Aline Charigot mirando el perrito, sería luego la esposa del pintor, acodada en la barandilla está Alphonsine Fournaise y su padre Alphonse, que era el propietario del restaurante, está detrás de Alin. Esta es una de las pocas obras de Renoir que he podido ver en directo y puedo asegurar que fue muy emocionante para mí, yo vibraba con los colores y la luz. No hay punto de comparación ver las fotos y reproducciones a ver la obra directamente; esto con cualquier obra, pero con ésta en especial. Y que decir de las botellas y vasos, el paño que hay en el centro del cuadro al borde de la mesa, dan ganas de cogerlos. El artista ha creado grupos de conversadores a los postres de una comida. La charla distendida en cada uno de los grupos es un canto a la alegría de vivir.


Vemos vestidos azules y amarillos equilibrándose, las cálidas carnaciones y los toques de rojo en sombreros amarillos, así como en el toldo que está al lado de los verdes y azules de la vegetación. La composición resuelta por grupos de triángulos reafirma la tranquilidad y serenidad que Renoir sabía transmitir en sus obras. Linealmente hablando, se combinan las rectas del dibujo del toldo y las varillas de soporte, así como de la barandilla, con las curvas de las figuras, tonel sombreros, etc.


Austral Obras Maestras del Hombre y la Naturaleza
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