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Derroteros de la percepción artística


El presente material pretende acercarce al fenómeno de la apreciación artística y su papel cada vez más protagónico en la construcción colectiva del disfrute y la concreción de la cultura humana. Presupuestos técnicos, relaciones entre procesos semióticos como expresión de una ciencia destinada a rebelar los significados, símbolos y las interioridades de los fenómenos sociales, y el hecho apreciativo del arte, así como sus correlaciones, son abordados en este artículo que destaca la innegable vigencia de los postulados estéticos enarbolados desde los orígenes de la humanidad hacia la configuración del pensamiento apreciativo del arte. // Por Eugenia Mena Rivero

Pretender escribir acerca de la apreciación artística y su papel cada vez más protagónico en la construcción colectiva del disfrute y la concreción de la cultura humana no resulta, de ningún modo, tarea sencilla.
Partiendo del postulado socrático de que "el conocimiento es la virtud y sólo si se sabe se puede divisar el bien", he considerado importante referirme a este fenómeno de la apreciación del arte entendiendo que no sólo en la forma artística ha de hallarse el secreto, sino que este se totaliza en la manera de percibir estas obras, pues ¿qué podemos decir que es el arte si no es apreciada, estimada y decodificada por su interlocutor?
Entre los principales presupuestos técnicos que rigen el proceso de apreciación cabe mencionarse, de un lado, las dificultades con las que tropezamos a la hora de tener que estudiar las ciencias de la creación artística: en la estética se busca tanto los caminos directos como los indirectos para llegar a la esencia de la creación artística. Uno de esos caminos es el análisis de la percepción artística, la posibilidad de llegar a conclusiones y que se debe a dos regularidades importantes. Una se relaciona con el hecho de que la percepción artística es una repetición del mismo proceso creador; y la otra se determina por el hecho de que el artista al crear su arte se rige no solo por su deseo, sino también busca la mejor manera para que su obra se perciba de la forma adecuada; busca la mejor forma de influir. Por otro lado cabe mencionar también la necesidad de intensificar todas las esferas de nuestro desarrollo social, incluido la esfera de la creación artística.

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No obstante, se ha podido advertir la relación existente entre la semiótica, como ciencia destinada a rebelar los significados, símbolos y las interioridades de los fenómenos sociales, y el hecho apreciativo del arte. Si bien puede plantearse la integridad del concepto de apreciación, necesario es distinguir la apreciación común y corriente, de la del hecho artístico, las cuales no son idénticas. La común y corriente es la adquisición de información sobre el objeto con el que el sujeto ha entrado en contacto directo. La percepción artística incorpora ese proceso, pero a la vez es mucho más amplio en su volumen, mucho más lejano en sus objetivos y más complejo en su naturaleza, si tenemos en cuenta que la percepción constituye una forma determinada de observar la realidad, en la que el sujeto trata de encontrar perfiles diferentes a los que ve la mayoría en su contacto cotidiano (tanto en la realidad objetiva como en la subjetividad interior, de las obras literarias, de las manifestaciones artísticas). Por lo tanto, uno de los objetivos de los creadores es dejar que toda belleza y complejidad de la existencia se manifieste en ese percibir la vida. Según algunas teorías psicológicas, la percepción es una dialéctica entre el sujeto y la realidad.
El artista crea su obra como expresión de una determinada concepción del mundo, de la comprensión y valoración de la existencia. La fuerza de expresividad, con la que la idea del autor se ve encarnada en la imagen, constituye elemento de criterio del talento artístico como tal.
La correlación entre la percepción artística y sensorial radica entonces en la comprensión de la percepción artística como proceso semiótico específico.
Sin embargo, lo caminos de la percepción artística a veces encuentran puntos defectuosos para su adecuada realización. Como se conoce, estos caminos necesitan de una gran carga subjetiva para lograr su propósito. En ocasiones, la insensibilidad de los espectadores tiene una raíz gnoseológica que impide una visión más gratificante del hecho artístico. Otras, la crítica artística no contribuye en la medida deseada, a la formación cultural en el espectador (figura que no siempre es tan pasiva como supone el creador), y unas pocas se presta a la confusión el fenómeno científico del artístico: y así, por ejemplo, no debe confundirse la lectura de la Ilíada en busca de información acerca de los carruajes de la Grecia Antigua, no está leyendo una obra literaria. En este caso, la percepción artística no se realiza, pues la obra en este caso se ha percibido como un objeto de investigación científica.
La apreciación artística exige un contenido expresado "exteriormente" en forma sensitiva, percibida directamente mediante el sujeto (artista), el título, las analogías con la vida y otros aspectos, debido a que el espectro de las interpretaciones individuales de las obras de arte es muy amplio. En ella se hace una generalización estética, en cuya base se encuentra la actitud emocional, sensitiva y apreciativa ante los fenómenos y objetos, orgánicamente relacionada con la percepción de su imagen sensitiva concreta, y, además es posible extraer diferentes informaciones de una misma obra de arte.
Desde el punto de vista del proceso apreciativo, esto se explica por las diferencias en los niveles de experiencia estética, el bagaje de conocimientos, el estado emocional y una serie de diversos factores subjetivos que determinan el enfoque de las diferentes personas al apreciar una obra de arte. Tampoco es constante el bagaje individual de conocimientos, indispensable para comprender el lenguaje y la información contenida en la obra artística, ya que toda información se conserva en la memoria del perceptor como resultado de su experiencia estética social y personal anterior, que actúa como fuente de información para el proceso de apreciación estética.
Pero una apreciación cabal de la obra no se limita a ello. Al apreciar la obra de arte, el espectador la correlaciona con su propio sistema de valores, con su representación de la vida y acepta la imagen artística creada por el autor como coincidente completa o parcialmente con sus representaciones sobre el ideal, sobre la esencia de la vida o cambia bajo la poderosa influencia del artista o rechaza dicha imagen. En el proceso de una actividad espiritual así, el hombre busca los contornos de su propio cuadro del mundo; forma su propio ideal estético; es como alguien expreso: "el arte, o por mejor decir la percepción de algo como arte, nace en la frontera entre lo que logramos entender y lo que no podemos evitar sentir, entre lo discursivo y lo emocional, entre lo objetivo y lo subjetivo. El arte está por encima -no por debajo- de nuestra capacidad de comprensión".
Otra exigencia de la Percepción Artística es la necesaria identificación y el distanciamiento de la obra, y su interacción con la realidad social, sumado a ello, destacamos que la percepción es el proceso mediante el cual el individuo transforma las cualidades sensoriales recibidas dentro del mundo tal como lo conoce.
El arte fomenta la percepción visual en cuanto al desarrollo de la capacidad para contemplar objetos y hechos, de tal manera que va más allá de la visión habitual sobre los cuerpos. Equilibrio, ritmo, alternatividad, progresión, simetría, son algunas de las técnicas que deben ser tomadas en cuenta a la hora de realizar una buena composición.
Es válido, tener presente que la relación estética determinada biológica y socialmente, cobra la forma de una vivencia directa, o sea, de un sentimiento estético que posee un carácter individual claramente expresado, ya que el receptor y/o decodificador es un sujeto vivo y activo de la interrelación social que posee un relativo desarrollo autónomo, que se caracteriza por la presencia de su mundo interno propio, por el carácter representativo de la percepción y por la independencia de la valoración de la realidad, así como por la autoconciencia y la autorregulación de la conducta; que conllevan a una determinada actitud estética ante la vida.
Desde la infancia las personas deben comenzar una consciente y activa asimilación de los valores de la cultura artística, la formación de los ideales estéticos-morales propios y de sentimientos estéticos; o sea una educación estética verdadera y eficaz, y la autoeducación de la personalidad.
No obstante, debe recordarse que, por sí mismo, el crecimiento de la persona no contribuye a perfeccionar la apreciación artística, y muchos individuos adultos con instrucción, no solo no rebasan el límite tras el cual comienza el diálogo con el artista, sino que no adquieren o pierden la sensibilidad directa a la atmósfera emocional de una obra de arte, a su pathos.
Por ello, si se reconoce en la imagen, un medio que incrementa la transmisión de la información y el conocimiento en la sociedad, se hace evidente que es desde la teoría de la decodificación de esa imagen es desde donde se debe explorar el estudio de las posibilidades de la representación visual y de su capacidad para interpretar el pensamiento cultural.
La investigación de la imagen, explorada desde los estudios de la iconografía e iconología de Panosfsky, los análisis formales de Arnheim, y el estructuralismo de los semiólogos de mitad de siglo XX, así como también, la investigación de la imagen que parte de la teoría sociológica, antropológica o interaccionista y la semiótica social, ponen un acercamiento al análisis de los contenidos en el ámbito apreciativo.
Todo el tiempo estamos recibiendo estímulos, los cuales consisten en todo aquello que el mundo exterior nos proporciona. Nuestros sentidos envían mensajes que solo el cerebro humano reconoce. Ellos se connota con la dinámica acelerada de los últimos tiempos, resultado de la revolución tecnológica e informática de la segunda mitad del siglo XX. Se nos bombardea de anuncios, mensajes, propaganda y publicidad que nos incitan a actuar, a sentir, reaccionar. Esta avalancha de productos ponen hoy en el centro, altercados debates en torno a los grandes desafíos a los que se enfrenta el hombre contemporáneo, teñido por las grandes configuraciones que dominan hoy al mundo informacional de la comunicación y por ende al mundo perceptivo.
En tal sentido, han sido impresos un sinnúmero de conferencias, artículos, ensayos y trabajos investigativos de carácter científico que ponen miradas, al margen o dentro de él, sobre un fenómeno contemporáneo llamado uso, entrenamiento o manipulación de la conciencia, en beneficio de los grupos de poder o de los sistemas sociopolíticos.
Los medios de comunicación masiva hoy en día son de vital importancia para la sociedad ya que proporcionan casi el cien por ciento de la información que se difunde en el mundo. Ello ha condicionado lógicas de dependencia informacional desde los medios, lo cual lastra la libertad responsable del ser humano como ser social, es decir básicamente los medios están presentes en la vida cotidiana de cada ser humano, inundando sus áreas más íntimas tanto en lo material como en lo espiritual.
La tarea de repensar, adaptar y/o reformular el rol de la percepción como fenómeno cultural, ascendiéndolo a la condición axiológica cultural y convirtiéndolo en protagonista de las rearticulaciones socioculturales que impone un desarrollo basado en la creatividad, requieren colocar en un justo análisis su papel en el contexto contemporáneo. En este sentido asumir la dimensión creativa de la percepción, necesariamente condiciona las miradas y reflexiones en este campo cultural.
Ahondar en los derroteros de la misma nos conduce a una breve historia del mismo y a la caracterización epistemológica que clarifique sus esencias, postulados estéticos y formas conceptuales-praxiológicas.
La recuperación de las teorías y los conceptos evidencian que es la forma la que cambia la manera como se transmite la información, porque su contenido es similar en las diferentes épocas. Por ello las investigaciones teóricas de la percepción deben abrirse camino a nuevos campos de exploración, reconociendo, dentro de esta, los aportes que cada una de ellas realice para interpretar lo que la representación evidencie de manera icónica.
Al realizar la apreciación de una obra, lo más importante es crear un sentido en el receptor, para que sea capaz de discernir por sí mismo el mensaje que le trasmite la obra como tal y no ser manipulado, ya que sin el ejercicio de la crítica quedaría huérfano de la opinión; ser sensible ante el hecho artístico. Además, para que se convierta en un espectador activo de las diversas manifestaciones del arte y cree el hábito del contacto directo con ellas, para que mediante las mismas contribuya al desarrollo de su personalidad.
En resumen, es innegable la vigencia de los postulados estéticos enarbolados desde los orígenes de la humanidad hacia la configuración del pensamiento apreciativo del arte. Y que indiscutiblemente se han perfilado como plataforma ideo estética en la construcción de las singularidades humanas y la diversidades cultural entre finales del siglo XX y principios del XXI.
No cabe dudas de que las teorías o aportes del estudio sobre la percepción del arte han contribuido a formular una concepción del arte que destituía en parte el aura del artista toda vez que en la percepción se cierra el ciclo o proceso de la creación artística; es en ella que el arte cumple sus funciones artísticas, es decir, se socializa; es ahí donde se intertextualiza, adquiere certeza su plurisentido o plurisignificado, cuando la obra de arte se co-crea o se "inflama", como le gustaba a Kagan calificar la re-creación, cuando se institucionaliza como arte. Todo esto se aplica tanto al sujeto individual como al social. Por lo que el estudio de la percepción del arte agrega un componente esencial a la especificidad del arte en su relación con la sociedad y ratifica que esta no podía quedar resuelta a través del esquema con el que solía simplificarse, como el de una relación entre el artista con su obra y la sociedad.
Sólo el enfoque dialéctico permite explicar las diferentes cualidades y posibilidades del arte y, simultáneamente, su carácter multidimensional como una interrelación orgánica, como un todo vivo; es decir, como un sistema complejo organizado que se constituye en elemento de un sistema artístico más amplio llamado cultura artística de la sociedad, insertada en el sistema de relaciones sociales, materiales y espirituales.
En la actualidad, estos temas están en absoluta consonancia con los lineamientos de la Política Cultural Cubana y las ansias de la máxima dirección de nuestro país por elevar, el gusto estético de la población y hacer extensivas hasta las más recónditas comunidades de nuestro país las caricias de la cultura artística, con el humano propósito de ejecutar la principal divisa del hecho artístico: servir de interlocutor al creador de la obra para asumir la transmisión del mensaje codificado por el artista.
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Autor:
Eugenia Mena Rivero.
Centro Laboral: Universidad de Granma. Cuba

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