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Corrientes Literarias - 9ª Parte: Barroco

AUTOR: Maikol Chocho - FUENTE: http://www.monografias.com
En contraposición con el tópico del "carpe diem" desarrollado en el Renacimiento, el hombre barroco tiene una concepción angustiosa del tiempo, siente el terror pascaliano de saberse suspendido entre dos abismos (el infinito y la nada). Los poetas meditan acerca de la fragilidad de la belleza humana. Se recuerda dolorosamente que todo es vano y efímero sobre la tierra. El hombre mira las ruinas de los grandes imperios que existieron en la antigüedad y recuerda su transitoriedad.

Dámaso Alonso define el Barroco como "una enorme coincidentia oppositorum"[2]; las antítesis violentas, la tensión de las almas, el sentimiento de inestabilidad ante lo real; así como la de sentirse simultáneamente grande y miserable, ángel y bestia, eterno y transitorio, son puntos que definen este período. En la literatura barroca, la expresión de belleza adquiere un fulgor y una rareza excesiva, se desarrolla una estética de lo feo, de lo grotesco, de lo horrible y de lo macabro. Los poetas barrocos cantan a la hermosa enana, la hermosa coja, a la "mujer bizca y hermosa"[3] como escribiría en un poema el genial poeta Quedo.

Las tensiones del Barroco se expresan generalmente en antinomias entre el espíritu y la carne, entre los gozosos celestes y los placeres mundanos. El hombre es un animal religioso y como tal, irrumpe en fuerzas contenidas, en pasión, impulso hacia arriba y hacia abajo, tan característicos de las formas de expresión barroco.

Los barrocos siguen desarrollando su conocimiento del mundo a través de los sentidos. Las palabras y las metáforas se esfuerzan por traducir la intensidad y la fascinación de las impresiones sensoriales.

Para expresar la cosmovisión se utilizaron un conjunto de símbolos en que figuran elementos inestables, efímeros, ondeantes y fugitivos tales como: el agua y la espuma, el viento, la nube y la llama, la mariposa, el ave y el humo, etc. Aguiar e Silva agrega: "El agua, sobre todo, constituye un elemento muy importante en la simbólica y en la emblemática del barroco, ya que el agua corre, borbotea o se yergue en los surtidores de los jardines, ya el agua adormecida, espejo líquido en que el mundo se refleja movedizo" (ídem, pág 288).
Continuando con la temática de la fugacidad y de la ilusión de la vida, la muertem expresión suprema de la condición efímera de la existencia humana, se constituye como uno de los temas principales del barroco. La muerte está oculta dentro de todo lo que vive, en todo el frescor y belleza el artista barroco ya siente el amargo desenlace. La presencia de la muerte se hace muy presente en esta etapa, la poesía medita sobre el aborto, describe el cuerpo comido por gusanos, la peste, entre otros.



Se huye de la expresión sincera y directa, de estructuras de la forma simple y lineal. Dámaso Alonso escribe que el barroco es una literatura de fuertes tensiones del vocabulario y de estructuras complejas. Las formas simples y lineales son sustituidas por formas complicadas.
Hatzfeld señalo al fusionismo como rasgo más importante de la literatura barroca, es decir, la tendencia de unificar en un todo múltiples pormenores, y a asociar y mezclar en una unidad orgánica elementos contradictorios.
Alejandro Cioranescu escribe que los personajes del teatro barroco "han dejado de ser simples y rectos, transparentes en todas las circunstancias y uniformes en todas sus reacciones. Su carácter es complejo, matizado entre un sí y un no, a menudo indeciso y vacilante; y es frecuente que el camino que siga no es el que debe seguir, y que anhele en pensamiento lo contrario de lo que hace en la realidad (…) En presencia de estos personajes, no es siempre fácil predecir lo que sucederá"[4]. Es lo que caracteriza a personajes como Hamlet de Shakespeare.
El fusionismo también se manifiesta en la ausencia de un trazo que delimite las diversas partes de una obra: las personas, las acciones, los paisajes y las diversas características no se describen, sino que se sugieren.
Entre los recursos literarios privilegiados por los artistas barrocos se destacan: la paradoja, el oxímoron, la antítesis y la metáfora. La paradoja caracteriza a personajes divididos, como el cuerdo-loco del Quijote, el cual era cuerdo para hablar pero loco al proceder. El oxímoron manifiesta las contradicciones dentro de un mismo sintagma, traduciendo la fusión de valores paradójicamente contrarios. La poética Barroca busca que el lector se sorprenda y maraville. El escritor barroco es, en cierto sentido, como dice J. L. Borges "un buscador de vanidad, preocupado en exceso por oscurecer el lenguaje"[5].
En cuarto lugar, Aguilar comenta que: "la metáfora es el elemento fundamental de esta poética: constituye el instrumento por excelencia de una expresividad misteriosa, la revelación de recónditas analogías que el poeta ve en la realidad, la transfiguración fantástica del mundo empírico." (Ídem, pág. 294).
También, como escribe Hatzfeld: "disfrutan de una segunda primavera la anáfora, epifora, figura etimológica, juego de palabras, paronomasia y paronimia" (ídem, pág. 140)
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