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Corrientes Literarias - 13ª Parte: Romanticismo

AUTOR: Maikol Chocho - FUENTE: http://www.monografias.com
En resumen, la literatura del período neo-clásico fue esencialmente intelectual. No se descartaban los sentimientos, pero se creía que no eran dignos de entrar en la literatura, salvo que antes fueran pensados por la inteligencia. Los escritores neo-clásicos se preocupaban por intelectualizar los sentimientos. A través del análisis de las emociones se podría hacer que el hombre conociera mejor a sus semejantes.
Las principales características de la literatura neo-clásica son: su intelectualidad, su racionalidad, su aspecto psicológico y su elevado aspecto moralizante.

Los escritores buscaban seguir las reglas de la razón, conformadas por el orden y la lógica. No se contemplaba la naturaleza. Ni aquellos elementos que estuvieran al margen de los ambientes cultos. Se proponían guiar e iluminar a las almas, nutrir a los espíritus, pero no agradar a los ojos ni causar sorpresa a la imaginación.

Hacia el S. XVIII se prepara una transformación importante en la concepción de literatura, en su espíritu y en sus medios de expresión.
En varias partes de Europa, pero fundamentalmente en Inglaterra se comienza a considerar el sentimiento como un elemento importante en la vida y que, por lo tanto, no debía ser sacrificado a la razón.

La sensibilidad ocupa un papel importante en la literatura de aquellos días. Para ser bueno era necesario ser sensible. La sensibilidad confería al alma un diploma de nobleza.



De esta primacía concedida recientemente al sentimiento dentro de la vida moral que es tan típicamente prerromántica, aunque el romanticismo la prolongue hasta la apología de la pasión, se desprende un ideal nuevo, ni racional ni heroico, sino tierno, humano, generoso, sensible y frecuentemente melancólico o soñador.

Rousseau es uno de los mayores exponentes del prerromanticismo. Su novela La nueva Eloísa (1761) es de los mayores exponentes de la novela sentimental. En ella se apreciaba el corazón a la razón.

Esta es la época en donde se despiertan, se precisan o se ahondan y entran en la literatura, ante todo, el sentimiento de la naturaleza. El poeta busca pintar la naturaleza con una abundancia detallada y con una exactitud de tonos que no serán superados; canta sus bellezas con entusiasmo personal verboso e ingenioso, pero que era nuevo. También se desarrolla el arte de evocar un paisaje asociado a un estado del alma. Aumenta la cantidad de poetas que, en diversos países conceden importancia a los campos, a los bosques, a las aguas, al cielo, preparando de esta manera la poesía romántica en una de sus principales características.

En la prosa de los novelistas encontramos unos grandes cambios ya que en aquella época acogió con mayor hondura el sentimiento de la Naturaleza. En el último cuarto del siglo, los novelistas alemanes, ingleses y franceses asocial intencionalmente paisajes risueños o tristes a las emociones de los personajes. Hay una estación privilegiada a aquellos cuya alma es prerromántica: el otoño, que armoniza su melancolía. Pero no el otoño riente y pletórico de frutos, de cestas colmadas de racimos; ahora es la estación de las brumas propicias al ensueño, la época de la caída de las hojas, en que, la Naturaleza se muestra melancólica como el alma del poeta.

El prerromanticismo describirá la belleza de los pasajes. El romanticismo creará paisajes con violentos contrastes.

Durante el prerromanticismo los artistas encontraron mayor libertad para manifestar sus desacuerdos y protestas. En la mayor parte de los prerrománticos, sobre todo en los más jóvenes, se observó un estado general de malestar, de insatisfacción en cuanto a su destino y de disgusto ante la vida. Los prerrománticos, opulentos de imaginación, de sensibilidad y de entusiasmo, ardientes en el ensueño y en la pasión, rebeldes a las tradiciones y a las disciplinas establecidas, pero con mucha frecuencia pobres en voluntad y de actividad decidida, podían fácilmente, a falta de una eficaz armadura social, dejarse ganar por el desánimo y hasta complacerse de él.
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