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Corrientes Literarias - 11ª Parte: Siglo XVIII

AUTOR: Maikol Chocho - FUENTE: http://www.monografias.com
Sin embargo, si tenemos en cuanta los géneros de contenido ideológico, el Barroco manifiesta un vacio en el plano del pensamiento filosófico, teológico, político y social, de la crítica y erudición; de la investigación histórica y del quehacer científico. Desde estos géneros, el siglo XVII representa el mismo fracaso que se le adjudica al siglo XVIII en cuanto a sus dramaturgos y novelistas.

Además, representa el siglo de la controversia intelectual, de la revisión del complejo de ideas y valores en los que hasta ahora se había basado la cultura de Europa. A finales del siglo XVII y principios del XVIII se produce esa revolución del pensamiento de occidente que Hazard define como "Crisis de la conciencia europea". El conjunto de normas y conceptos que constituían al Antiguo Régimen fue sometido en el XVIII a un agresivo examen que afectó por sobre todas las cosas, los cimientos religiosos y políticos.

Por ello, este siglo se ha incorporado a la historia bajo la acusación de "siglo heterodoxo", es decir, que sustenta una doctrina no conforme con el dogma católico, que se opone u está desconforme. Esta heterodoxia se da sobre todo en países donde la tradición católica y conservadora está muy arraigada. De hecho, como dijo Américo Castro en la conferencia, una parte de la "Historia de los heterodoxos españoles" de Marcelino se consagra a esta época.

Los escritores más representativos son Meléndez, Feijoo, Jovellanos, Moratín. Estos escritores y ciertas actitudes el siglo XVIII han sido juzgados teniendo presente cierta actitud partidista, se los elogia o denigra de acuerdo con la ideología del crítico, y además se desvirtúa o falsifica su pensamiento o conducta para acercarlos a su posición que a cada comentarista le conviene.



En esta época se distinguen dos estilos de críticos: los progresistas y los tradicionalistas y conservadores. Los primeros han exagerado en su provecho los rasgos posibles de heterodoxia que han podido encontrar. Los segundos han lanzado sus imprecaciones hacia los hombres e ideas de la Ilustración.

En este sentido, los conceptos más acreditados y arraigados que se han puesto en circulación son los de Menéndez y Pelayo en "Historia de los heterodoxos", en el cual su apreciación global sobre el siglo XVIII es enteramente negativa. Y como sus opiniones han adquirido carátula de definiciones inapelables, resulta dificultoso erradicar esas valoraciones. Mientras al ocuparse de otra época ha enriquecido la crítica con excelentes interpretaciones, su valoración del siglo XVIII ha provocado malentendidos y deducciones a ratificar.

Hasta aquellos comentaristas que han adquirido una postura ideológica hostil hacia Marcelino y que rechazan sus conclusiones sobre la religión o el campo social, han aceptado sus postulados estéticos y literarios. Hecho que contribuye a la inadecuada valoración del siglo.
El extranjerismo es otra de las características, puesto que representa un intento de renovación que se extiende a todos los aspectos de la cultura: literatura, artes, ideología, ciencia, política, y religión. A partir del fracaso de la denominada "teocracia casera" como la llama Castro, y desde la decadencia, el siglo XVIII tiene el deseo de incorporarse al espíritu de Europa, es decir, adoptar las formas de la cultura internacional que en las primeras décadas del siglo representan a Francia. El discutido y problemático afrancesamiento al que llegaron fue producto de la llegada de los Borbones a España. En ese entonces, Francia era el norte ideal, el punto de referencia de todos los países, a pesar de que allí no reinaban los Borbones y de que el afrancesamiento era general en toda Europa. Pero esta extranjerización, que pudo ser asimilada sin ningún tipo de inconvenientes, en España adquirió carácter de importancia suicida. Ningún otro país de Europa puede caracterizarse por tener una sola tradición como la española y no obstante, distintas situaciones llevaran a que adquirieran a que adquirieran las más diversas ramas de la cultura en un apretado haz inseparable. Lo "español" estaba constituido por creencias religiosas, estructura social, organización política, ideas morales, conceptos estético literarios. La integración hispana que antes había favorecido la "unidad" deseada para la mejor utilización de las energías, se convirtió en una construcción problemática al momento de sustituir una de sus partes. Cualquier crítica a la cultura hispánica tomaba la forma de "delito de lesa patria" Si se discutía sobre el teatro de Calderón o sobre las unidades dramáticas, estas discusiones derivaban inevitablemente a la acusación de antipatriotismo, abandono de la religión tradicional, o desacato contra la ley.
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