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Historia del Arte: La Escultura Primitiva (1°parte)

cabezaMOMIFICADANZ

Se puede expresar un pensamiento por medio de palabras. Pero también puede plasmarse en formas visibles y tangibles.

Muchas ideas han ido pasando así de unas personas a otras por medio de símbolos visuales, esto es, en lenguaje plástico. El arte «primitivo›› forma parte de la historia del pensamiento humano.

No representa «cosas››: expresa ideas. Y las ideas que expresa son a veces muy sutiles y trascendentales, aunque no se puedan explicar claramente con palabras.
La escultura primitiva representa una fase en el esfuerzo humano por descubrir la verdad. A un animal sólo le interesan las cosas que puede comer, que le causan miedo o dolor, o cuyo olor le atrae.

ROC DE SERS íbice de piedra de Roc de Sers

 

Pero el hombre trata de ver, descubrir y comprender el significado oculto tras los objetos del mundo que le rodea. Los escultores de la Edad de Piedra que tallaron «Venus›› obesas expresaban así su esfuerzo por comprender la fertilidad, el embarazo y el nacimiento; no representaban, pues, la imagen de alguna persona determinada. Cuando hablamos de escultura «primitiva›› no pretendemos referirnos a una época muy lejana en el tiempo, sino a una etapa en la evolución histórica de muchos pueblos pretéritos y actuales.

Los boomerangs

 

Es muy posible que los pueblos más antiguos ejecutaran sus tallas y esculturas sobre materiales poco duraderos que, lógicamente.
han desaparecido. Los pueblos aborígenes más modernos han venido utilizando las materias primas que tenían más a mano: maderas
blandas en África y el noroeste de América; marfil de morsa en el Ártico; tallos de arbustos leñosos, mimbres y conchas en los Mares
del Sur. La vida de esas obras de arte es muy corta y deben ser renovadas constantemente para que el lenguaje artístico permanezca vivo.
En realidad, fueron muy pocos los pueblos aborígenes que tallaron la piedra. Lo hicieron, por ejemplo, los de la isla de Pascua, las
Marquesas y algunas tribus australianas.
Otros, como los yoruba de Nigeria, utilizaban la arcilla. Las terracotas fueron muy corrientes en las primeras fases de las antiguas
civilizaciones clásicas. Generalmente se solían enriquecer las piezas con la adición de color o revistiéndolas con determinadas sustancias
mágicas: pero a veces encontramos objetos puramente utilitarios, como los boomerangs australianos, que se limitan a subrayar la
belleza de la materia prima. Otro dato a tener en cuenta es que algunas esculturas primitivas sufrieron la influencia de los contactos
con otras civilizaciones más avanzadas.
La mejor manera de abordar la escultura primitiva es analizar los modos en que expresan ciertas ideas humanas fundamentales.
Lo mismo que las demás criaturas del reino animal el hombre utilizaba y reaccionaba ante una serie de signos convencionales relacionados sobre todo con las actividades sexuales y guerreras. Entre ellos se cuentan ciertas expresiones faciales: ojos protuberantes y muy abiertos, dientes descubiertos, cabellos erizados, etc.
Hay ciertos símbolos de alto contenido emotivo que son comunes a todos los hombres: el aspecto pálido y extenuado de los
que han muerto a causa de una enfermedad: la sangre y las entrañas; la forma redondeada del vientre preñado y, en las regiones
tropicales, los frutos, las calabazas prietas y los tallos enmarañados. Casi todos los hombres han tenido contacto con criaturas vivas
más fuertes o rápidas que ellos. Muchas veces las sacrificaban ritualmente e incluso dependían de ellas para sobrevivir. De esa
forma, cuando esculpían los atributos de determinados animales pretendían captar en cierto modo un poder sobrehumano. Así, por ejemplo, la orca (arte haida de Alaska), el oso (Siberia e indios pies negros), el búfalo (pieles rojas de las llanuras de Norteamérica), el cocodrilo (Sudamérica), el leopardo (Benin, en Nigeria) y el hipopótamo (hijos de África).
En muchos pueblos existió la creencia de que la vitalidad o fuerza vital radicaba muy especialmente en determinadas partes del cuerpo, humano o animal - grada, columna vertebral, cabeza y sus protuberancias, como los cuernos, órganos genitales-, o en ciertos
aspectos y fenómenos de la Naturaleza: el sol, la lluvia y el rayo. También los principales órganos sensoriales -ojos, nariz y boca- revestían enorme importancia.
Dada la natural preocupación del hombre por la vida, la fertilidad y la progenie, eran especialmente significativos los objetos que
mostraban en sus formas visibles los atributos del crecimiento, como las conchas y cuernos, representados a menudo en forma
abstracta por medio de espirales, que «crecen›› desde dentro hacia afuera. Naturalmente, esta base común del simbolismo formal
se extendió y modificó a través de las experiencias de cada grupo humano, según los distintos ambientes y sociedades.


Los primeros pasos

 

img libro1891: Diosa Madre en Terracota (India, siglo III a. d. c.)

2: Figura uli de Melanesia

3: Cabeza maorí momificada

Probablemente, la escultura nació al intentar modificar ligeramente la forma de un objeto simbólico natural, una piedra, una concha 0 un asta. En cierto modo, puede decirse ,que todas las Edades de Piedra han sido edades de la escultura, puesto que los utensilios de piedra ya son en si una especie de esculturas. Muchos de los complicados instrumentos rituales de la América Central y las hachas neolíticas pulimentadas del sudeste asiático, son ciertamente obras de arte.
Podrían muy bien ser representaciones plásticas de la idea de poder.
Las esculturas más antiguas de la humanidad proceden de las cuevas y yacimientos paleolíticos de la Europa occidental. Su datación es muy incierta, pero puede situarse entre un millón y ocho mil años antes de
Jesucristo. La mayoría son piezas de hueso o asta con grabados o figuras de animales tallados en relieve; algunas servían como
herramientas, otras para arrojar dardos. Existen también relieves animales de mayor tamaño, como el íbice de piedra de Roc de Sers
o los bisontes modelados en arcilla de Tuc d’Audoubert, que muestran su paralelismo con las conocidas pinturas rupestres del arte
franco cantábrico. Las figuras representadas con tanta belleza, posiblemente con fines rituales, muestran una comprensión de la
realidad que está muy lejos de ser primitiva.

 

TUC D'AUDOUBERT bisontes modelados en arcilla de Tuc d’Audoubert

Pero las más fascinantes de todas son la serie de «Venus›› adiposas, unas talladas en la roca, como la de Laussel, y otras esculturas completas, como las de Willendorf y Lespugue. Se han identificado más de 130 de estas efigies, en una zona que abarca desde el Cantábrico español hasta el Asia Central. Es probable que representen un
concepto muy complejo: «obesidad-preñez-muerte». La imagen de la mujer obesa persistió en los periodos megalítico y neolítico, en las terracotas halladas en Hacilar, en el norte de la India.

 

willendorf3 Venus de Willendorf

 

Vuelve a aparecer en los relieves pétreos de las tumbas megalíticas colectivas del Mediterráneo, Portugal y Francia, estilizada a veces en forma de espirales agrupadas (llamadas «ídolos-ojos››) cuyo significado podría ser: el hombre muerto regresa a la «Madre Tierra», puesto que la espiral representa la función evolutiva.

 

img libro187 Figura protectora de las islas Nicobar

 

Bibliografía: La magia del Arte

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