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Historia del Arte: La Escultura Primitiva (2° parte)

Los cazadores de cabezas

En términos generales, existen cinco tipos básicos de esculturas primitivas más modernas que son comunes a muchas razas diferentes.
En primer lugar está la figura-espíritu, en la que se daba especial importancia a la cabeza y que servía de morada a los espíritus
de los muertos. Al mismo tiempo se quería demostrar que en lo específicamente humano había algo superior, más allá del reino ordinario de la naturaleza, puesto que siempre se ha considerado a la cabeza como la parte más espiritual del cuerpo. Las cabezas nigerianas representan el primer paso: se extraía el cráneo de la cabeza de un muerto y se colocaba la piel sobre un armazón de mimbres procurando recomponer las facciones naturales. La cabeza así preparada y
colocada sobre un cesto que contenía los huesos del difunto, era ocupada por el espíritu y podía emitir oráculos.
Muchos pueblos cazadores de cabezas utilizaron las de sus enemigos vencidos en forma semejante. Los espíritus podían habitar también en las cabezas esculpidas, como las de los fang del Congo (pauinos). Algunas alcanzaron tal grado de estilización que ni siquiera parecen rostros; tal es el caso de las testas de bronce y latón de los bakota africanos.

4062 Tiki Maorí


Ello no carece de cierta lógica si consideramos que los espíritus no son seres humanos.
'Los pueblos de los Mares del Sur hicieron cabezas o figuras completas con cabezas muy grandes con el mismo propósito, es decir, para servir de morada a los espíritus de los antepasados. Los papúas de la región
del rio Sepik tallaban aún en vida su «figura-espiritu», que se colocaba después de su muerte en la casa de los antepasados. Los famosos rikis maories de jade representan a Tiki, el antepasado divinizado, y son asimismo «espíritus visibles». Forman el segundo grupo los ídolos o fetiches, que incorporaban un poder de carácter más general. Revestían dos formas: los más antiguos eran objetos naturales, retocados o no, que simbolizaban la divinidad. En los santuarios indios o de los yoruba nigerianos suelen aparecer representaciones estilizadas de los genitales masculinos y femeninos.
Los más modernos son los que representan a un dios en figura humana, derivado probablemente de la imagen ancestral del rey o jefe. Los santuarios reales de las tribus africanas conservan aún hoy tales figuras, pero hay formas más desarrolladas que pueden expresar ideas más complejas. Los polinesios representaron al «dios creador» como una gran figura humana de cuyo cuerpo brotan hombrecillos como retoños vegetales.

 

mascaras-1-2914 Máscara Dogon
Del ombligo del dios de la guerra de los indios zuni surge, como una rama, un «cetro de plumas», símbolo del poder creativo. Los yoruba representaron al principio femenino en Ibrma de mujer amamantando. En muchas regiones de África se adhiere a los fetiches toda clase de objetos para aumentar su poder: conchas, amuletos, <<medicina›› y hojas de hierro. El oro simbolizó el poder del sol para los pueblos de la América Central y Meridional, que lo utilizaron para sus esculturas, ya como materia prima, ya como elemento decorativo aplicado.

Las máscaras de los magos

 

En tercer lugar llegamos a las máscaras, la manifestación artística primitiva mejor conocida.
Se tallaron máscaras en el Ártico, en América, Siberia, India, Ceilán, los Mares del Sur y muchas regiones africanas. Las utilizaban los magos o bailarines en ceremonias muy diversas, pero siempre con el mismo significado: representaban a un espíritu que había «descendido›› hasta el danzante y había tomado posesión de él. La máscara podía ser un espíritu sanador que
había entrado en el chamán (hechicero), un dios heroico, un oráculo o el espíritu que protegía el recinto ceremonial. Podía ser un espiritu individual perfectamente caracterizado o bien de tipo general. Las máscaras estaban construidas con materiales muy diversos, desde la paja y las plumas, las conchas y el bambú, hasta la madera tallada con gran destreza en formas simbólicas muy refinadas  (Nuevas Hébridas, baga y basonge africanos).
A veces tenían piezas móviles accionadas por medio de cordeles, de forma que  el «espíritu›› parecía hablar, como las de los indios tlingit, del noroeste de América. No olvidemos que las máscaras estaban hechas para verse formando parte de los vivos
movimientos de una danza ritual; por eso, cuando las vemos en un museo, en realidad están incompletas. Muchas de sus formas se justifican por el modo en que se utilizaban.
Así, por ejemplo, las máscaras de antílope de los bambara africanos se completaban con los movimientos adecuados de la danza; las grandes máscaras de los dogon de Mali. con amplios balanceos de cabeza. Evidentemente, el significado de la mayoría de las máscaras venía determinado por ciertas expresiones faciales estilizadas. Pero en las máscaras más elaboradas podía darse a veces una combinación de imágenes muy intrincada que no recordaba en absoluto la idea de un rostro.


mascara ceremonial 1

Máscara Ceremonial 


Armas y canoas


En cuarto lugar están los objetos de uso común, a veces tallados o esculpidos con gran belleza. Las vasijas de bambú para cerveza de los nagas de la India, talladas con relieves de lagartos y enemigos degollados.
y las cajas para betel de los dayaks de Indonesia son buenos ejemplos. Pero las armas de las que dependía la supervivencia del hombre primitivo, tuvieron especial importancia.
A menudo se les confería cierto poder mágico añadiéndoles máscaras u ojos (mazas de las Marquesas). También las armas arcaicas destinadas a fines rituales tenían formas o atributos simbólicos (escudos de parada
de las islas Trobriand, espadas Kabui).

Los isleños del Pacífico sur solían pintar ojos y otros signos en sus canoas para dotarlas de un poder sobrenatural en el desempeño de
sus funciones. Había objetos de uso más corriente con distintos significados «mágicos››, como por ejemplo los pequeños muñecos de madera o terracota utilizados para iniciar a los jóvenes en los misterios de la vida sexual adulta.
Hay unos cuantos tipos de esculturas destinadas a usos mágicos especiales. Entre ellas se cuentan las esculturas funerarias de los nagas, creadas para manifestar el poder del hombre muerto. Pero tal vez sean las más interesantes las fantásticas construcciones de
madera, cuerda y tela que son utilizadas  por los chamanes tibetanos para mantener contacto con el mundo de los espíritus etéreos.
Para terminar, mencionemos uno de los grupos más extraordinarios de obras de arte primitivas, la inigualada cerámica funeraria de las tribus chimúes y nazcas del Perú. Retrataban toda la extensa variedad de actividades de la vida diaria, pero al mismo tiempo eran objetos de culto. En este aspecto, son probablemente únicas. Tan sólo los esquimales, con sus tallas de hueso y marfil de  morsa, han hecho algo semejante.
Así pues, el arte primitivo casi nunca iba destinado a la simple decoración. Antes al contrario, la importancia de las diversas formas residía en su efectividad espiritual o mágica y en las ideas que representaban.
Y su significado viene determinado por su relación con la experiencia cotidiana de la vida y de la muerte; con la comprensión del bien
y del mal.

 

 

Bibliografía: La Magia del Arte

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