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Belén

El carácter devocional y religioso en la pintura, a lo largo de los siglos, es la prueba manifiesta de la importancia que tuvo esta fuente a la hora de que, los grandes de la pintura, buscaran recursos de inspiración para llevar a cabo sus obras universales. Destinadas éstas a motivar la piedad popular y a conmover a los fieles, el acontecimiento del nacimiento de Jesús penetra en la historia de la sensibilidad religiosa -de la misma manera que en la historia del arte- para comunicar un solo y único mensaje: el de la redención y salvación del hombre. Por ello, para la pintura, Jesús renace de siglo en siglo y no hay época que pueda escaparse de representar la escena de la Natividad como si hubiera tenido lugar entre ellos; en la misma sociedad en la que el artista vive y trabaja. Velázquez, Murillo, El Greco, Zurbarán, Juan Correa de Vivar, Caravaggio, Leonardo da Vinci, Fra Angelico… son algunos de los autores que, además de compartir en su pintura las tradiciones del Antiguo y Nuevo Testamento, descifraron con su pincel la maravilla del Milagro.

 

Adoración de los Magos,

FRANCISCO DE ZURBARÁN. Adoración de los Magos,
En esta Adoración, en la que se representa la Epifanía -el momento en el que el niño Dios es mostrado al mundo-, Zurbarán se vale de las figuras de los tres Reyes Magos y su séquito - imponentes y lujosos personajes-, para dar a la Sagrada Familia una presencia rotunda y definitiva en la escena. Los reyes Magos representan a los continentes de Europa, Asia y África y cada una de las edades del hombre. La juventud, en Gaspar, con su barba negra, su aire fuerte y sus vestimentas militares; la madurez en Baltasar, con aspecto más avejentado, más sabio, y con barba más poblada; y Melchor, un anciano devoto que se arrodilla, con humildad, a los pies de la joven Virgen y de su hijo. Un niño Jesús, mucho más simpático y vivaz que en otras representaciones. Zurbarán, que juega en este cuadro con su dominio de las luces y las sombras, pintó el haz de luz sobre los cuerpos de Melchor, la Virgen y el Niño.

 

Adoración de los pastores

JUAN CORREA DE VIVAR. Adoración de los pastores,
Según la tradición cristiana, el niño Jesús nació en un pesebre de Belén. Según Correa de Vivar, en el interior de un templo romano, situado en el mismo centro de la campiña italiana y en su cuna, en lugar de paja, había unos bloques de piedra perfectamente pulidos. El artista quiso aunar en su obra el tema de la Natividad con su conocimiento de la cultura clásica, arquitectura y pintura. Por ello, la Sagrada Familia aparece situada bajo las bóvedas de una basílica romana, adornada con una decoración propia del Renacimiento. Por uno de los arcos, se asoman los pastores que han sido avisados por un ángel. Por otro, el buey y los asnos. En el cielo, un coro de ángeles cantores que celebran el nacimiento de Jesús.

 

La Virgen y San José

BERNARD VAN ORLEY La Virgen y San José.
Pintor flamenco de retratos y temas religiosos nacido en 1492. Artista de cámara de Margarita de Austria y uno de los favoritos del emperador Carlos V. En su obra, de una luminosidad impresionante, llama la atención el pecho desnudo de una jovencísima y dulce Virgen y el movimiento del Niño que espera ser amamantado. En la escena, en segundo plano, un San José, viejísimo sosteniendo una manzana y un pastor arrodillado ofreciendo sus regalos. El angelote que desciende para coronar a la Virgen introduce, con su gesto, la idea de celebración. A partir del año 1530, Van Orley solo trabajó como diseñador de tapices y vidrieras en Brujas, donde  vivía.

 

Adoración de los Pastores

 

MURILLO. Adoración de los Pastores,
El artista, influenciado por el Naturalismo tenebrista, que tanto éxito estaba cosechando en Sevilla, por la obra de Velázquez, Ribera y Zurbarán, deja en penumbra a San José e ilumina a la Virgen y al Niño. El protagonista de la Sagrada Familia del Pajarito y su esposa, María, aparecen rodeados por dos pastores y una pastora que les entregan sus presentes: huevos, una gallina y un cordero. El realismo, que está presente en todas las figuras, tiene su máximo exponente -como había hecho Caravaggio, en Roma- en los pies sucios del pastor que aparece arrodillado. La pincelada minuciosa de Murillo -usando los tonos marrones, blancos, sienas que contrastan con el rojo intenso y los azules- permite descubrir desde los pliegues de sus vestimentas hasta las pajitas del pesebre. También, la lana del cordero que recuerda al Agnus Dei de Zurbarán, y la mirada absorta de la Virgen, mientras abre el paño para mostrar al recién nacido.

Fuente: Belenes en la Pintura

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